si no fuera pobre yo.
(Saber del mal y del bien, jornada 1.ª, escena XII.)
EL CIEGO
Un ciego en Londres había
tal, que no determinaba
los bultos con quien hablaba
en el resplandor del día:
Y una noche que llovía
(como una de las pasadas)
a cántaros y a lanzadas,