por las calles caminando,

se iba mi ciego alumbrando

con unas pajas quemadas.

Uno que le conoció,

dijo: —Si no os alumbráis,

¿para qué esa luz lleváis?

Y el ciego le respondió:

—Si no veo la luz yo,

la ve el que viene, y así

no encuentra conmigo aquí;