dijo: —¿Qué os pudo obligar
a decir, si no os hirió,
que os ha muerto? Y respondió:
—¿No me pudiera matar?
(Los pechos privilegiados, acto 2.º, escena XII.)
EL SABIO ENTRE LOS LOCOS
. . . . . . . . . . . . . . . .
Un aguacero cayó
en un lugar, que privó