(que era de vidrios la carga).

(¡Si no vieran las mujeres!..., acto 2.º, escena IV.)

EL MAL HACE APRECIAR EL BIEN

En mi tierra, un azotado

dió al verdugo cien escudos

por que se los diese mudos,

que era honrado y delicado.

En saliendo por la puerta

así la mano asentó,

que al primero que le dió