En cuanto oyó este consejo
o más bien, este mandato,
bajó la cabeza el viejo
y se largó con su plato;
y desde aquella función
despachaba en la cocina
tristemente su ración
por evitar tremolina.
Llorando el anciano un día
la ingratitud de sus hijos,
En cuanto oyó este consejo
o más bien, este mandato,
bajó la cabeza el viejo
y se largó con su plato;
y desde aquella función
despachaba en la cocina
tristemente su ración
por evitar tremolina.
Llorando el anciano un día
la ingratitud de sus hijos,