La sombra, que no era poca,

dentro de las aguas vió,

y por cogerla soltó

lo que llevaba en la boca.

Fué a asirla, y su desvarío

el perro al instante vió;

volvió a su carne, y halló

que se la llevó el tal río.

(El milagro por los celos, jornada 3.ª)

EL SOBERBIO Y EL HUMILDE