Pero la caña humillada

por encima le dejó

que pasase, y él pasó

sin que la ofendiese en nada.

Y ansí, cesando la guerra,

la caña se alzó como antes,

y el roble las arrogantes

ramas dejó por la tierra.

(Los hidalgos del aldea, acto 3.º)

CONTENTARSE CON SU ESTADO