grand pedazo de queso en el pico levaba,

ella con su lisonja tan bien lo saludaba:

—¡Oh cuervo tan apuesto!, del cisne eres pariente,

en blancura en dono fermoso, reluciente

más que todas las aves cantas muy dulcemente;

si un cantar dixieres, diré yo por él veinte.

Mejor que la calandria nin el papagayo,

mejor gritas que tordo, nin ruiseñor, nin gayo;

si agora cantases, todo el pesar que trayo

me tirarías en punto más que otro ensayo.