—¿Cómo, señor, haceros tal injuria he podido

estando más abajo que vuestra majestad?

—Si no lo has hecho ahora, lo hiciste hace seis meses.

—Señor, si todavía de edad no tengo dos.

—Pues si tú no lo has hecho, tu padre es quien lo haría,

y es justo que ahora mismo sufras la expiación.

Así diciendo, el lobo, sin conciencia ni entrañas

hizo al cordero víctima de su voracidad;

que siempre los tiranos, a falta de razones

para oprimir al justo, razones falsas dan.