Alzándose un furioso torbellino
eclipsó el polvo al sol,
y gritóle por mofa: —¡Astro divino!
¿Dónde estás? ¿Qué te hiciste?... — Y su camino
siguió en silencio el sol.
Y cesó el huracán; y tornó al cieno
el polvo vil; y en el azul sereno
de gloria y pompa lleno
siguió en silencio el sol.