en casa de un labrador.
Acompañaba al viajero
un tal Ayerbe de Ruiz,
mozo de experta nariz,
pero insigne majadero.
Cenaron en paz de Dios,
trataron de madrugar
y hubiéronse de acostar
en una alcoba los dos.
Veíanse en los costados
en casa de un labrador.
Acompañaba al viajero
un tal Ayerbe de Ruiz,
mozo de experta nariz,
pero insigne majadero.
Cenaron en paz de Dios,
trataron de madrugar
y hubiéronse de acostar
en una alcoba los dos.
Veíanse en los costados