—¡Bien le hubiera venido[{192-1}] cuando lo asesinaron!

—¡Cómo! ¿A ño Neira? ¿Es posible?

Y entonces se me escapó una pregunta, la única que podia hacerse tratándose del valiente capataz:

—¿Y Neira se dejó asesinar?

—Te lo contaré todo—me dijo mi amigo—pero apura el paso porque nos va a pillar la noche en el camino, y en casa estarán con cuidado.

Y tomamos trote por la alameda.

* * *

Lo que de mi amigo oí y que me conmovió profundamente, es lo que cuento en seguida, tres años despues de la muerte de Neira.

Ño Neira estaba sentenciado. En nuestros campos se da a esta palabra una importancia escepcional. El capataz dió un dia de chicotazos[{193-1}] a un individuo de mala índole, a quien habia pillado en un robo, negándole en seguida todo trabajo dentro del fundo. Este habia «sentenciado» a Neira.

—Deja, no mas;—le dijo—algun dia nos encontraremos solos.