—¿Va V. muy lejos?
—¡Teresa!
Los dos quedamos mudos por algunos instantes; yo contemplándola estupefacto; ella con la cabeza baja y sin abandonar mi brazo.
—¿Pero dónde va V. á estas horas?
—Me voy con V.—respondió alzando la cabeza y sonriendo como si dijese la cosa más natural del mundo.
—¿Á dónde?
—¡Qué sé yo! Donde V. quiera.
Á un mismo tiempo sentí escalofríos de placer y de miedo.
—¿Ha huido V. de su casa?
—¡Qué había de huir![{19-2}]... ¡solamente se la[{19-3}] he jugado á Manuel, del modo más gracioso!... Verá V. cómo se ríe... Me empeñé hoy en ir á la tertulia de unas primas, que viven en la calle de Fuencarral, y papá mandó á Manuel que me acompañase. Llegamos hasta el portal y allí le dije: «Márchate, que ya no haces falta»; y me hice como que subía la escalera, pero en seguida di la vuelta sin llamar y me vine detrás de él hasta casa... ¡Cuando le vi entrar me dió una risa, que por poco me oye![{19-4}]