¡Nos ha fastidiao este!...

Julián

Mire usté, señá Rita, no he querido decirle a usté lo que he visto esta mañana, ¿sabe usté? Porque no quisiera haberlo visto, y quisiera no acordarme de ello; ¡por estas! (Haciendo las cruces) Y, en fin, que quisiera no haberlo visto.

Rita

¡Moler! ¿Qué has visto?

Julián

(Suspirando.) ¡Ay, Dios mío! (Pausa.) Venía yo esta mañana de la imprenta por mi camino de siempre, Corredera Alta, Corredera Baja, y me desemboco en la de la Luna para tomar la de Tudescos, y me acuerdo de que no tengo tabaco, y me tiro a la derecha para irme a un estanco que hay cerca de la calle Ancha, y que la estanquera me conoce y me da lo mejor que tiene; cuando yo, distraído, al atravesar la calle, se me viene un simón encima, que en poco me deja de caer. Hago así para contener el caballo, lo cual que el animal se espanta al sentir el meneón que le di para que no me atropellara, y es claro, el coche da un reculón, y el cochero me dice: ¡Morral!, y me da con la fusta y sale a escape. Pero no tan a escape que no viera yo quién iba dentro del coche. ¿Sabe usted quién iba dentro del coche, señá Rita? ¡La Susana! ¡Y que no iba sola! ¡Iba también un hombre!

Rita

¿Los viste bien?

Julián