salir ileso del mortal combate
en alas de la fe radiante y pura.
XII
Y apartando la vista de aquel cieno
social, de aquellos fétidos despojos,
de aquel lúbrico y torpe desenfreno,
fijar llorando los ardientes ojos
en ese cielo azul, limpio y sereno,
de santa paz y de esperanza lleno.