que goza en su abyección, y en ella muere?
¿Si ciega, y torpe, y degradada en todo,
desconoce su origen, y prefiere
a descender de Dios, surgir del lodo?
XVIII
¡Libertad, libertad! No eres aquella
virgen, de blanca túnica ceñida,
que vi en mis sueños pudibunda y bella.
No eres, no, la deidad esclarecida
que alumbra con su luz, como una estrella,