con hondo afán desde mi edad primera,

sin alcanzarla nunca... Mas ¿qué digo?

No eres la libertad, disfraces fuera,

¡licencia desgreñada, vil ramera

del motín, te conozco y te maldigo!

XXI

¡Ah! No es extraño que sin luz ni guía,

los humanos instintos se desborden

con el rugido del volcán que estalla,

y en medio del tumulto y la anarquía,