Aquellas altas bóvedas que al cielo

levantaban mi anhelo;

aquella majestad solemne y grave;

aquel pausado canto, parecido

a un doliente gemido,

que retumbaba en la espaciosa nave;

Las marmóreas y austeras esculturas

de antiguas sepulturas,

aspiración del arte a lo infinito;

la luz que por los vidrios de colores