busco los restos de mi fe perdida,

por hallarla otra vez, radiante y bella

como en la edad aquella,

¡desgraciado de mí! diera la vida.

¡Con qué profundo amor, niño inocente,

prosternaba mi frente

en las losas del templo sacrosanto!

Llenábase mi joven fantasía

de luz, de poesía,

de mudo asombro, de terrible espanto.