Como la nave sin timón y rota

que el ronco mar azota,

incendia el rayo y la borrasca mece

en piélago ignorado y proceloso,

nuestro siglo —coloso—

con la luz que le abrasa, resplandece.

¡Y está la playa mística tan lejos!...

a los tristes reflejos

del sol poniente se colora y brilla.

El huracán arrecia, el bajel arde,