Que al triste olvido de la edad entrego,

O al duro fallo de los tiempos libro.

Lo engendré en la nocturna

Fiebre de mis pasiones primerizas,

Y hoy guardo en él, como en sagrada urna,

Del corazón las cálidas cenizas.

En él están mis infantiles sueños,

El laurel disputado en arduas lizas,

De la osada ambición locos empeños,

La fe jurada, la esperanza muerta,