Juzgó a la gloria y la esperanza abierta.

No entré... pero en mi oído

Sonó el grande ruïdo

De los santos acordes celestiales;

Y aun hoy, en este olvido

Y en esta amiga sombra,

Donde es la paz un díctamo a mis males,

Entre el silencio escucho, y aun me asombra,

El rumor de los himnos inmortales.