De la dureza de la muerte airada.

Ella en mi corazón metió la mano,

Y de allí me llevó mi dulce prenda;

Que aquel era su nido y su morada.

¡Ay muerte arrebatada!

Por ti me estoy quejando

Al cielo y enojando

Con importuno llanto al mundo todo:

Tan desigual dolor no sufre modo.

No me podrán quitar el dolorido