Las fieras por los montes, y ofreciendo

A tus sagradas aras los despojos?

¿Y tú, ingrata, riendo

Dejas morir mi bien ante mis ojos?

Divina Elisa, pues agora el cielo

Con inmortales pies pisas y mides,

Y su mudanza ves, estando queda,

¿Por qué de mí te olvidas, y no pides

Que se apresure el tiempo en que este velo

Rompa del cuerpo, y verme libre pueda,