El corazón cuitado,

Que con su breve pena

Compró la eterna punición ajena.

Sintió allí convertirse

En piedad amorosa el aspereza.

¡Oh tarde arrepentirse!

¡Oh última terneza!

¿Cómo te sucedió mayor dureza?

Los ojos se enclavaron

En el tendido cuerpo que allí vieron,