con dulce son deleita el santo oído.
Toca el rabel sonoro,
y el inmortal dulzor al alma pasa,
con que envilece el oro,
y ardiendo se traspasa
y lanza en aquel bien libre de tasa.
¡Oh son, oh voz, siquiera
pequeña parte alguna descendiese
en mi sentido, y fuera
de sí el alma pusiese