pecho ciñe con oro, y la garganta.

Agora vuelta al cielo pura y santa

las manos y ojos bellos alza, y pudo

dolerse agora de mi mal agudo;

agora incomparable tañe y canta.

Ansí digo, y del dulce error llevado,

presente ante mis ojos la imagino,

y lleno de humildad y amor la adoro.

Mas luego vuelve en sí el engañado

ánimo, y conociendo el desatino,