Y el cerco sosegaba,

Y la caballería

A vista de las aguas descendía.

ANÓNIMO

23.

No me mueve, mi Dios, para quererte

El cielo que me tienes prometido,

Ni me mueve el infierno tan temido

Para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte