Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme ver tu cuerpo tan herido;

Muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera,

Que aunque no hubiera cielo, yo te amara.

Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera;

Pues aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero te quisiera.

FRANCISCO DE LA TORRE