24. La cierva

Doliente cierva, que el herido lado

De ponzoñosa y cruda yerba lleno,

Buscas el agua de la fuente pura,

Con el cansado aliento y con el seno

Bello de la corriente sangre hinchado,

Débil y decaída tu hermosura:

¡Ay! que la mano dura

Que tu nevado pecho

Ha puesto en tal estrecho,