Ausentes y queridos,
Con mil mustios bramidos
Ensordecistes la ribera umbrosa
Del claro Tajo, rica y venturosa
Con vuestro bien, con vuestro mal sentida;
Cuya muerte penosa
No deja rastro de contenta vida.
Agora el uno, cuerpo muerto lleno
De desdén y de espanto, quien solía
Ser ornamento de la selva umbrosa: