Los tragó, como arista seca el fuego.

El soberbio tirano, confiado

En el grande aparato de sus naves,

Que de los nuestros la cerviz cautiva

Y las manos aviva

Al ministerio injusto de su estado,

Derribó con los brazos suyos graves

Los cedros más excelsos de la cima

Y el árbol que más yerto se sublima,

Bebiendo ajenas aguas y atrevido