Pisando el bando nuestro y defendido.

Temblaron los pequeños, confundidos

Del impío furor suyo; alzó la frente

Contra ti, Señor Dios, y con semblante

Y con pecho arrogante,

Y los armados brazos extendidos,

Movió el airado cuello aquel potente;

Cercó su corazón de ardiente saña

Contra las dos Hesperias, que el mar baña,

Porque en ti confiadas le resisten