Y aunque no, ¿quién hacerme puede ofensa?

»Los poderosos pueblos me obedecen,

Y el cuello con su daño al yugo inclinan,

Y me dan por salvarse ya la mano.

Y su valor es vano;

Que sus luces cayendo se oscurecen,

Sus fuertes a la muerte ya caminan,

Sus vírgenes están en cautiverio,

Su gloria ha vuelto al cetro de mi imperio.

Del Nilo a Éufrates fértil e Istro frío,