Cuanto el sol alto mira todo es mío.»

Tú, Señor, que no sufres que tu gloria

Usurpe quien su fuerza osado estima,

Prevaleciendo en vanidad y en ira,

Este soberbio mira,

Que tus aras afea en su vitoria.

No dejes que los tuyos así oprima,

Y en su cuerpo, cruel, las fieras cebe,

Y en su esparcida sangre el odio pruebe;

Que hecho ya su oprobio, dice: «¿Dónde