Que lo dejó asombrado y aturdido.

Hoy se vieron los ojos humillados

Del sublime varón y su grandeza,

Y tú solo, Señor, fuiste exaltado;

Que tu día es llegado,

Señor de los ejércitos armados,

Sobre la alta cerviz y su dureza,

Sobre derechos cedros y extendidos,

Sobre empinados montes y crecidos,

Sobre torres y muros, y las naves