Y su faz de ignominia convertiste.

Quebrantaste al cruel dragón, cortando

Las alas de su cuerpo temerosas

Y sus brazos terribles no vencidos;

Que con hondos gemidos

Se retira a su cueva, do silbando

Tiembla con sus culebras venenosas,

Lleno de miedo torpe sus entrañas,

De tu león temiendo las hazañas;

Que, saliendo de España, dio un rugido