Vibraste en su favor la diestra armada.

Turbáronse los grandes, los robustos

Rindiéronse temblando y desmayaron;

Y tú entregaste, Dios, como la rueda,

Como la arista queda

Al ímpetu del viento, a estos injustos,

Que mil huyendo de uno se pasmaron.

Cual fuego abrasa selvas, cuya llama

En las espesas cumbres se derrama,

Tal en tu ira y tempestad seguiste