Que su Sion querida siempre viva.
Cual león a la presa apercibido,
Sin recelo los impíos esperaban
A los que tú, Señor, eras escudo;
Que el corazón desnudo
De pavor, y de amor y fe vestido,
Con celestial aliento confiaban.
Sus manos a la guerra compusiste,
Y sus brazos fortísimos pusiste
Como el arco acerado, y con la espada