Y la gloria manchar y la luz dellas.

Ocuparon del piélago los senos,

Puesta en silencio y en temor la tierra,

Y cesaron los nuestros valerosos,

Y callaron dudosos,

Hasta que al fiero ardor de sarracenos

El Señor eligiendo nueva guerra,

Se opuso el joven de Austria generoso

Con el claro español y belicoso;

Que Dios no sufre ya en Babel cautiva