A Dios y a tu remedio no atendiendo,

¿Por qué, ingrata, tus hijas adornaste

En adulterio infame a una impía gente,

Que deseaba profanar tus frutos,

Y con ojos enjutos

Sus odiosos pasos imitaste,

Su aborrecida vida y mal presente?

Dios vengará sus iras en tu muerte;

Que llega a tu cerviz con diestra fuerte

La aguda espada suya; ¿quién, cuitada,