Morcilla de cortesanos,

Y asada por esas manos,

Hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta

De placer; no sé de ti.

¿Cómo te va? Yo por mí

Sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios;

Mas oye un punto sutil:

¿No pusiste allí un candil?