El soberbio tirano del Oriente

Que maciza las torres de cien codos

Del cándido metal puro y luciente

Apenas puede ya comprar los modos

Del pecar; la virtud es más barata,

Ella consigo mesma ruega a todos.

¡Pobre de aquel que corre y se dilata

Por cuantos son los climas y los mares,

Perseguidor del oro y de la plata!

Un ángulo me basta entre mis lares,