Y en más nobles objetos se termina.

Así aquella que al hombre solo es dada,

Sacra razón y pura, me despierta,

De esplendor y de rayos coronada;

Y en la fría región dura y desierta

De aqueste pecho enciende nueva llama,

Y la luz vuelve a arder que estaba muerta.

Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,

Y callado pasar entre la gente,

Que no afecto los nombres ni la fama.