A las aguas del cielo y al arado,

Ni la vid cuyo fruto no madura.

¿Piensas acaso tú que fue criado

El varón para rayo de la guerra,

Para surcar el piélago salado,

Para medir el orbe de la tierra

Y el cerco donde el sol siempre camina?

¡Oh, quien así lo entiende, cuánto yerra!

Esta nuestra porción, alta y divina,

A mayores acciones es llamada