Y alguno tan ilustre y generoso

Que usó, como si fuera plata neta,

Del cristal transparente y luminoso.

Sin la templanza ¿viste tú perfeta

Alguna cosa? ¡Oh muerte! ven callada,

Como sueles venir en la saeta,

No en la tonante máquina preñada

De fuego y de rumor; que no es mi puerta

De doblados metales fabricada.

Así, Fabio, me muestra descubierta