Soberbio pensamiento

Jamás ha derribado

La vida humilde y pobre que sostengo.

Cuando a las manos vengo

Con el muchacho ciego,

Haciendo rostro embisto,

Venzo, triunfo y resisto

La flecha, el arco, la ponzoña, el fuego,

Y con libre albedrío

Lloro el ajeno mal y canto el mío.