Oye, Pastor que por amores mueres,

No te espante el rigor de mis pecados,

Pues tan amigo de rendidos eres;

Espera pues, y escucha mis cuidados;

Pero ¿cómo te digo que me esperes,

Si estás para esperar los pies clavados?

47. Temores en el favor

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro,

Y la cándida víctima levanto,

De mi atrevida indignidad me espanto,