Y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,

Tal vez la doy al amoroso llanto;

Que, arrepentido de ofenderos tanto,

Con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos;

Que por las sendas de mi error siniestras

Me despeñaron pensamientos vanos.

No sean tantas las miserias nuestras

Que a quien os tuvo en sus indignas manos