Y en todos los mortales

Yace la vida envuelta en alto olvido.

Tan solo mi gemido

Pierde el respeto a tu silencio santo:

Yo tu quietud molesto con mi llanto,

Y te desacredito

El nombre de callado, con mi grito.

Dame, cortés mancebo, algún reposo:

No seas digno del nombre de avariento

En el más desdichado y firme amante